Los robots de Isaac Asimov, un sueño cumplido

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Dámaso Pérez 

CIUDAD DE MÉXICO, 4 abril, 2017.- El reconocido escritor Isaac Asimov (1920–1992) siempre tuvo muy clara una cosa: nunca ganaría el Premio Nobel de Literatura. “Ningún escritor de ciencia ficción lo ha ganado, así que no hay razón para pensar que cambiará esa tendencia”.

No sólo eso. El jurado calificador del reconocimiento literario más importante privilegia por sobre todas las cosas la forma de una obra, algo que a Asimov le importaba poco menos que nada. El autor de Anochecer —quien el 6 de abril cumple 22 años de fallecido— no revisaba sus textos, pues consideraba que era una pérdida de tiempo.

En lugar de atormentarse viendo un posible error, prefería seguir escribiendo. Asimov aplicó este principio y vaya que le funcionó. Su numeralia abruma: es autor de más de 500 libros de los más diversos temas: astronomía, física, biología, matemáticas, historia, religión, mitología, humor y ciencia ficción. Trabajaba los siete días de la semana (incluyendo días festivos) durante ocho horas diarias. En promedio escribió diez libros por año.

Pero, si no se preocupaba demasiado por la forma ¿cuál es entonces el mérito de sus obras?, ¿qué han visto miles de lectores en todo el mundo? La respuesta es la misma para ambas preguntas: sus ideas.  Su obra está plagada de ellas. Ideas sobre el espacio, el cambio climático, el progreso tecnológico, el futuro. La lista sería prácticamente interminable. Su abanico temático era tan amplio que sólo Hugo Gernsback y Arthur C. Clarke se le comparan en este sentido.

NUESTROS GRANDES ALIADOS

asimovDe las miles de ideas que Asimov —científico y divulgador— desarrolló durante su prolífica carrera, una logró cautivar a los lectores y al ámbito científico por igual: los robots. Es cierto que el tema ya había sido abordado en algunas novelas y películas; sin embargo, siempre de una forma bastante predecible: como máquinas malignas que buscaban esclavizar a los indefensos humanos.

Fue Asimov uno de los autores que propuso un cambio al respecto. Con la formación científica que tenía, era lógico que viera en los robots aliados, más que enemigos. Así lo pone de manifiesto en su ensayo Los sueños de la ciencia ficción en donde coloca a los robots como el quinto sueño de una lista de 28.

Su opinión al respecto era que los robots, además de realizar las tareas pesadas y peligrosas, con el tiempo serían más inteligentes y tendrían una apariencia más humana, lo que les permitiría ser, además de sirvientes, amigos.

“A lo largo de la historia” —apunta Asimov— “los seres humanos han usado a los animales y a otros seres humanos para realizar las tareas físicas más pesadas. Ahora las máquinas han remplazado al músculo en muchos casos, pero ¿por qué no desarrollar máquinas que imiten la versatilidad de los humanos y también su apariencia?

“Los robots pueden ser los nuevos sirvientes. De tener forma humana, podrían hacer uso de toda la gama de herramientas tecnológicas concebidas para los seres humanos, y si fueran suficientemente inteligentes podrían ser incluso amigos”.

En una serie de cuentos que Asimov publicó en 1939, así como en su emblemática novela Yo, robot —en la que publicó sus Leyes de la Robótica— queda clara su convicción de que los robots y los humanos pueden llegar a formar una verdadera alianza.

Ahora, a 25 años de la muerte de Asimov, sus ideas son ya una realidad. Muestra de ello es “ASIMO”, robot creado en 1986 por la empresa Honda como un homenaje al autor de El fin de la eternidad.

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En aquel año, se trataba de poco menos que un prodigio que podía caminar sobre sus dos piernas, aunque no lograba mantenerse en pie durante mucho tiempo. Las nuevas versiones muestran a un ASIMO más ágil que puede subir escaleras y hasta jugar futbol. Todavía no es capaz de llevar una conversación de manera fluida, no obstante no tardará mucho tiempo para que esto suceda.

asimo2-thumbTambién son una realidad los robots que además de haber sido creados para limpiar y barrer, sirven de compañía para los ancianos. Asimov tenía razón. Nuestros amigos metálicos vienen en camino; se oyen sus pisadas metálicas. Están a la vuelta de la esquina…

En aquel año, se trataba de poco menos que un prodigio que podía caminar sobre sus dos piernas, aunque no lograba mantenerse en pie durante mucho tiempo. Las nuevas versiones muestran a un ASIMO más ágil que puede subir escaleras y hasta jugar futbol. Todavía no es capaz de llevar una conversación de manera fluida, no obstante no tardará mucho tiempo para que esto suceda.

Las Tres Leyes de la Robótica

En 1950, en plena Guerra Fría, Isaac Asimov publicó su novela Yo, robot, que le valió al autor una popularidad inmediata. En esa obra integró las ahora famosas Tres Leyes de la Robótica que condicionan la relación que estos seres llevarán con los humanos.

Dicen así:

1.- Un robot no puede dañar a un ser humano ni, por inacción, permitir que peligre su vida.

2.- Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto cuando estas órdenes entren en conflicto con la Primera Ley.

3.- Un robot debe salvaguardar su propia existencia, siempre y cuando esto no implique entrar en conflicto con la Primera y Segunda Ley.

Asimov explicaba que las Tres Leyes fueron creadas por John W. Campbell en una conversación que mantuvieron ambos el 23 de diciembre de 1940. A su vez, Campbell señalaba que él las extrajo de algunos relatos de Asimov y de varias pláticas  que ambos tuvieron, y que lo único que había hecho era redactarlas.

Las leyes fueron bien recibidas por escritores  y lectores de ciencia ficción y se convirtieron en un referente obligado. Incluso para algunos países como Corea del Sur que adoptó el primer código ético para robots del mundo y así evitar abusos por parte de los humanos.

Algo que pocos conocen es que hay una cuarta ley de la robótica, conocida como Ley Cero. Apareció por primera vez en el libro Robots e Imperio. En el relato, el terrícola Elijah Baley le dice al robot Daneel Olivaw que la humanidad debe ser vista como un tejido y que las vidas humanas individuales deben ser vistas como hebras de ese tejido.

La Ley Cero, que es una variante de la Primera Ley, dice: Un robot no puede causar daño a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra daño.”, quedando las tres leyes de la robótica subordinadas jerárquicamente a esta nueva ley. Esta ley es entendida únicamente por robots que tienen un razonamiento avanzado.

Son varios los escritores y directores que se han visto influidos por las ideas de Asimov.

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