Que las familias no sean rehenes de la violencia en los estadios

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“Un estadio es un buen sitio para tener un padre. El resto del mundo es un buen sitio para tener un hijo.”

Juan Villoro, en Balón dividido.

Por Pique 86.

México, 20 Febrero.- La violencia una vez más se hizo presente en la primera división del futbol mexicano, ahora en las gradas del estadio “Luis Pirata Fuente”, y que tuvo como protagonistas a aficionados de los equipos Veracruz y Tigres, en el arranque de la semana siete.

La trifulca inició cuando algunos seguidores de los “tiburones” irrumpieron en la zona designada para la porra visitante, que ante la mirada serena de los policías y la impotencia de los jugadores de Tigres, por no poder hacer nada, agredieron con toda clase de objetos a aficionados del conjunto “felino”.

Es inadmisible que el estadio para ver un deporte familiar se convierta en un campo de batalla, y más que la “afición” se escude bajo los colores de algún club deportivo para enmascarar sus actos vandálicos.

Desde su llegada a México de tierras argentinas, los llamados grupos de animación o “barras bravas”, han traído dentro y fuera de los estadios de futbol, violencia e inseguridad, convirtiendo a los recintos en auténticos polvorines.

Este hecho ocurrido en el puerto de Veracruz debe de ser el parteaguas para erradicar a estos grupos, que en su mayoría reciben de los equipos todas las facilidades para ingresar a los inmuebles, convirtiendo a los clubes en rehenes de su propia mafia.

Es momento de que los administradores del balón hagan un alto en el camino y se replanteen si en verdad son necesarios estos grupos cada 15 días en sus inmuebles, que lejos de apoyar alejan a la gente que paga un boleto por ir a disfrutar de un espectáculo familiar.

También es tiempo de que la afición deje de imitar las prácticas del balompié sudamericano, para evitar una desgracia mayúscula, como la muerte de personas, o la matanza de algún jugador.

En nuestro futbol la muestra la puso Cruz Azul, que en 2013 retiró el apoyo a la “sangre azul”, tras una invasión de cancha en un duelo de cuartos de final ante Toluca.

El deporte por naturaleza es capaz de unir a pueblos enteros, no hace distinción de raza, ni condición social. El periodista mexicano, Juan Villoro, en su libro “balón dividido”, relata su experiencia en el muro que separa a las dos Coreas, donde el deseo de un niño surcoreano es poder jugar futbol con otro pequeño del norte.

Es hora de que los estadios vuelvan a llenarse de familias, de amigos, de parejas, de niños con la cara pintada, enfundados en la playera de su equipo favorito y del ídolo en turno, no dejemos que la violencia y unos cuantos secuestren el futbol, este que por 90 minutos sirve como catarsis semanal.

 

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