Acerca de los migrantes y el tránsito entre países

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Migrantes

José Dávalos*

MÉXICO (24 de enero 2016).- Quienes se ven obligados a huir de su país y viven en la erradicación y en la integración, sufren una tensión que destruye a las personas. Necesitamos conocer los hechos que los empujan por la fuerza a dejar su patria y, en la medida de lo posible, dar voz a los que no pueden dejar oír su grito de dolor y de opresión.

Tenemos que hacer conciencia en la población de tantas gentes heridas por la violencia, el abuso del poder, la distancia de la familia, la fuga de sus hogares, el horror al sufrimiento en el campo de refugiados. Son hechos que deshumanizan y tienen que llevarnos a una acción concreta.

El mundo está experimentando procesos de mutua interdependencia e interacción a nivel global; si los hombres y las mujeres tienen problemas, buscan mejorar las condiciones de vida, en el aspecto económico, en el político y en el cultural. Toda persona, no importan sus características, pertenece a la humanidad y comparte con ella la esperanza de un futuro mejor.

Si las migraciones ponen de manifiesto frecuentemente las carencias de los países y de la comunidad internacional, también revelan las migrantesahogadasaspiraciones de la humanidad de vivir la unidad en el respeto a las diferencias, la hospitalidad que hace posible la equitativa distribución de los bienes de la tierra, la tutela y la promoción de la dignidad y la trascendencia del ser humano. Este es el resultado de los cambios modernos, del creciente fenómeno de la  movilidad humana.

El rechazo, la discriminación y el tráfico de la explotación, el dolor y la muerte se contraponen a la solidaridad, a los gestos de comprensión. Despiertan una gran preocupación sobre todo las situaciones en las que la migración es forzada y se realiza incluso a través de varias modalidades de trata de personas y de reducción a la esclavitud. El trabajo esclavo es hoy moneda de uso corriente. A pesar de los problemas, los riesgos y las dificultades que se deben afrontar, lo que anima a tantos  migrantes y refugiados es el deseo de un futuro mejor, no sólo para ellos, sino también para sus familias.

La creación de un mundo mejor orienta a buscar un desarrollo auténtico e integral, a trabajar para que haya condiciones de vida dignas para todos, para que sea respetada, custodiada y cultivada la naturaleza que tenemos a nuestro cuidado. Esto significa verse libres de la miseria, hallar con más seguridad la propia subsistencia, la salud, una ocupación estable; participar todavía más en las responsabilidades, fuera de toda opresión; ser más instruidos; en una palabra, hacer, conocer y tener más para ser más.

No se puede reducir el desarrollo humano al mero crecimiento económico, obtenido con frecuencia sin tener en cuenta a las personas más débiles e indefensas. El mundo sólo puede mejorar si la atención primaria está dirigida a la persona, si la promoción de la persona es integral, en todas sus dimensiones; si  no se abandona a  nadie, comprendidos los pobres, los enfermos, los presos, los necesitados, los forasteros; si somos capaces de pasar de una cultura del rechazo a una cultura del encuentro.

Es impresionante el número de personas que emigra de un continente a otro, así como de quienes se desplazan dentro de sus propios países y de las propias zonas geográficas. Los flujos migratorios contemporáneos constituyen el más vasto movimiento de personas de todos los tiempos. La realidad de las migraciones, con las dimensiones que alcanza en nuestra época de globalización, pide ser afrontada de un modo nuevo, equitativo y eficaz. Esto exige una cooperación internacional y un espíritu de profunda solidaridad.

Esta política debe ser desarrollada partiendo de una estrecha colaboración entre los países de procedencia y destino de los emigrantes; ha de ir acompañada de adecuadas normas internacionales capaces de armonizar los diversos  ordenamientos legislativos, con vistas a salvaguardar las exigencias y los derechos de las personas y de las familias emigrantes, así como las de las sociedades de destino. Esto exige la ayuda recíproca entre los países, con disponibilidad y confianza, sin levantar barreras infranqueables.

Una buena síntesis de esfuerzos animará a los gobernantes a afrontar los desequilibrios socioeconómicos y la globalización sin reglas, que están entre las causas de las migraciones, en las que las personas más que protagonistas son  víctimas.  Ningún  país puede afrontar por si solo las dificultades unidas a este fenómeno que, siendo tan amplio, afecta en este momento a todos los continentes en el doble movimiento de inmigración y emigración.

La actitud sensata es hoy no cerrar puertas sino abrirlas.

* josedavalosmorales@yahoo.com.mx

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