Frente a Trump, aferramiento… o audacia

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Jorge Faljo

MÉXICO.- Muchos esperaban que Trump suavizaría sus posiciones después de haber ganado las elecciones; ahora esperan que lo hará ya estando en la presidencia.  La elección de su gabinete apunta a lo contrario; se prepara para arremeter con dureza en las diversas direcciones que apuntó en su campaña. Su lenguaje es agresivo y sus posiciones parecen cambiar. No es por incoherencia o estupidez. Es el estilo de negociación que él conoce y que empieza por golpear en muchos frentes, exigir demasiado y no revelar todas sus cartas. Actúa agresivamente pero sabe que está negociando.

Es vital descifrar a Trump y no estamos haciendo la tarea. También es necesario entender cuál es nuestra verdadera realidad y no cometer el error del autoengaño en la negociación en la que ya deberíamos estar inmersos.

Hemos dicho que tenemos una economía globalizada; es una palabra engañosa. Le vendemos el 83 por ciento de nuestras exportaciones a Estados Unidos y tenemos un fuerte déficit comercial con China, de alrededor de 64 mil millones de dólares anuales.

Esas son las dos conexiones fuertes del país con el exterior; solo dos. Lo que da más idea de país puente, como dijo el presidente Peña, en el que de un lado (de Asia sobre todo) entran insumos que se ensamblan con mano de obra barata y del otro salen exportaciones a los Estados Unidos. Una verdadera globalización se representaría como una telaraña con hilos tendidos hacia todos lados de manera más o menos equilibrada.

México, el gran cliente de China y EU
México, un cliente de China y EU

Dependemos mucho más del comercio exterior que los Estados Unidos. Las exportaciones de México equivalen al 35 por ciento de nuestro producto, las de Estados Unidos al 12.5 por ciento del suyo. La nueva perspectiva mundial de bajo crecimiento del comercio internacional nos agarra en una posición de mayor fragilidad.

No solo Trump, sino todo el contexto internacional nos impone la necesidad de un viraje; solo que aquí parece que no sabemos leer las señales, más bien nos enojan y nos aferramos a pensar que regresaremos, algún día, al entorno de crecimiento previo a las grandes crisis centrales en los Estados Unidos (2008) y Europa (2010). Pero esas crisis y el hecho de que el planeta no se recupera de ellas, fueron las convulsiones y el rigor mortis de la globalización.

Aferrarnos a una estrategia condenada al fracaso es patético y arriesgado. Creer que podemos seguir en el rumbo “globalizador” sin los Estados Unidos es absurdo. China no tiene nada que ofrecernos.

Ante la emergencia se creó un grupo de alto nivel con varios secretarios de Estado y líderes del Senado y de los diputados para “dar seguimiento” al TLC, a la defensa de los migrantes y al comercio. Pero es un planteamiento meramente reactivo y no se enfoca en una estrategia de cambio de rumbo negociado.

El punto central del planteamiento de Trump es que no está dispuesto a tolerar un déficit de más de 50 mil millones de dólares anuales con México. Esto es lo que debe corregirse; lo demás, aunque importante, ocupa un segundo plano.

Ese déficit, que para nosotros es superávit, solo puede equilibrarse de dos maneras posibles. O México les compra más, o ellos, los norteamericanos, nos compran menos.

Lo primero sería reforzar el TLC, lo segundo sería destruirlo.

Trump ya planteó su propuesta en el encuentro con Peña: una estrategia de proteccionismo compartido para la defensa de los empleos en Norteamérica. Incluiría el incremento de salarios en México para desalentar la emigración. Nosotros le añadiríamos el rescate del campo.

Pero la respuesta que le hemos dado a Trump va de ignorar sus propuestas a insultarlo. Ante ello lo que hace es elevar la presión, y lo hará aún más.

Hay que tomar en cuenta que las exportaciones a Estados Unidos generan en México 2.7 millones de empleos directos y otros 7 millones indirectos. Perder una parte de ellos y que además nos regresen indocumentados sería un desastre. Proteger esas exportaciones, esos empleos, es prioritario y solo puede hacerse dentro del marco que Trump propuso. Nos guste o no.

Así que la solución va por el lado de comprarles mucho más a los Estados Unidos para equilibrar ese lado del puente. Sin embargo no podemos simplemente incrementar nuestras importaciones, no estamos en condiciones para ello. Así que tendríamos que comprar menos en el otro lado del puente. Lo que significa decirle a China que ya no toleramos el déficit de más de 60 mil millones de dólares. O ese país nos compra más, o nosotros tendremos que comprarles mucho menos. China no va a comprarnos más; es incompatible con su exitosa estrategia de substitución de importaciones.

El gran dilema se refleja en que no entendemos si Trump quiere fortalecer o destruir el TLC. La respuesta es que quiere equilibrar el comercio y eso se puede hacer de cualquiera de las dos maneras: fortaleciendo o destruyendo la relación comercial. Puede equilibrarse hacia arriba o hacia abajo. Las dos opciones implican transformaciones de gran magnitud.

Decidamos. Podemos aferrarnos a la ortodoxia neoliberal en una estrategia de mera resistencia ante golpes brutales para los que no estamos preparados.

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En sus festejos decembrinos a los senadores del PRD les pareció buena idea hacer de un acto partidista e institucional una baladronada.

El mensaje de que preferimos a los Estados Unidos como gran proveedor en substitución de China. Tendría que ir acompañada de una estrategia de fortalecimiento del mercado interno generadora de empleos urbanos y rurales. Desde esa perspectiva es posible negociar con Trump los puntos que son secundarios.

Aferramiento o audacia, los dos requieren planes y proyectos. No se negocia quebrando piñatas e insultando. Eso nos debilita.

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