Lo que murió con Fidel Castro

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COLUMNA: Las trampas del poder

POR Mario Rechy

MÉXICO.- Esta segunda muerte fue definitiva.[1] El hombre había agotado su resistencia y su ciclo. Pero, probablemente lo que marcó ese final fue, como todo en su larga existencia, el contexto mundial, donde él había dejado de poder intervenir, no a causa de su edad sino de la no correspondencia de su propuesta y discurso con la nueva realidad.

El mundo dejó de creer en los líderes iluminados, dejó de entregar su vida y sus esperanzas a la promesa de una tierra prometida que se fue desdibujando en una realidad sin libertades, con restricciones, y en la que no se veía por ningún lado el camino hacia el prometido socialismo.

Nació en el final de una tercera década del Siglo XX, cuando el mundo se reponía de un conflicto multinacional y cuando se consolidaban las dos grandes revoluciones con que arrancó ese periodo histórico: la revolución mexicana y la revolución rusa.

Como heredero de un elán revolucionario recogió los ideales de justicia y liberación, y los combinó con la mejor tradición libertaria y democrática de su patria que representaba José Martí.

101345949-79834395-530x298Tuvo además como contexto de su crecimiento el ejemplo de la resistencia vietnamita a la opresión colonial. Pero siempre sobre una formación religiosa que le había comprometido con la devoción hacia el ser humano y los ideales del humanismo cristiano.

En su combate contra la dictadura fue parte de una generación forjada en ese misticismo libertario que vivimos desde el final de la segunda guerra y hasta la caída del muro de Berlín. Casi medio siglo en que los ideales y el discurso marxista consiguieron seducir y motivar la acción de cuando menos cuatro generaciones.

La fuerza de Fidel venía de esa realidad y de esa acumulación espiritual que venía transformando el mundo, desde el extremo oriente y hasta América Latina.

El triunfo de su grupo al derrocar a Batista era en cierta forma un eslabón en la cadena de acontecimientos que alineaban a su generación en la destrucción del mundo neocolonial, y en la construcción de una sociedad nueva.

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Camilo Cienfuegos, un héroe traicionado de la Revolución Cubana

Sin embargo, él y sus compañeros habían recibido la inspiración de una lectura ideológica y un ejemplo distante y mítico, y cuando trataron de plasmarlo en la realidad, su afán no sólo tuvo sus primeros descalabros, sino que también marcó o dejó ver que hacía falta mucho más que voluntad y compromiso. Hacía falta una perspectiva histórica que recogiera de manera crítica su propia identidad para poder formular una propuesta.[2]

En 1962 el imperio decreta el bloqueo, que ha sido el equivalente de un decreto de genocidio, como bien lo calificó García Marques. Pero no solamente ha representado penurias y sacrificios. También constituyó un límite para todo alcance o meta si ésta dependía en alguna medida de recursos externos. Y ni Fidel ni los suyos supieron nunca corresponder con una capacidad de autarquía alimentaria, ni siquiera de empleo para aprovechar los recursos que tenían.

El poder, sin embargo, los fue transformando. Primero porque tuvieron que tomar las primeras decisiones como una forma de garantizar la permanencia del gobierno revolucionario, en un cerco de acecho, amenazas y conspiraciones. Y eso relegó la producción, porque no fortalecía el poder.

La guerra fría y la hostilidad del mundo capitalista no les permitió, a Fidel y sus compañeros, tomar las mejores decisiones, las más consecuentes. Sino que les fue imponiendo la lógica de la preservación, de la salvaguarda de sus triunfos políticos, y de su continuidad como grupo.

El primer descalabro moral de Fidel fue el asesinato de Camilo Cienfuegos. Hasta ese momento Camilo había sido el oráculo a quien consultar sobre la rectitud del camino. Y cuando el poder se volvió la prioridad, lo primero que decidió fue deshacerse de Camilo.[3]

Carlos Puebla tuvo la intuición y la visión poética de haber recogido en su canción el melisma que podía refrendar las decisiones de mando. Pero desde la muerte de Camilo ya no iba bien Fidel.

Fidel venía de un compromiso con las libertades y la democracia. Incluso así lo había consignado la Revista Bohemia en enero de 1959 al publicar una declaración suya que decía: “El gobierno cancelará todos los pactos con Estados regidos dictatorialmente, en primer lugar, la Unión Soviética. Ésta ha oprimido la libertad en una docena de países europeos y ha ametrallado al indefenso pueblo húngaro. No existe en el mundo mayor ejemplo de despotismo”.

Y sin embargo, el acoso norteamericano obligó a Fidel y su grupo a voltear la vista en busca de aliados y protección. Y Fidel se alineó entonces al bloque comunista. Y lo que siguió fue encarcelar al otro hombre que había compartido con él la popularidad y mantenía su vocación democrática y su rechazo de toda dictadura: Huber Matos. Dejándolo veinte años en prisión.[4]

Luego decidió deshacerse de Ernesto Guevara, quien discrepaba de Fidel en el pragmatismo con que se estaba conduciendo la economía y la política de la isla. Pero no podía hacerlo tan fácilmente como lo había hecho con Camilo o con Huber, así que pactó para que Ernesto se fuera por propia voluntad.[5]

Reproduciendo la lógica del poder que hizo de Stalin el único sobreviviente bolchevique, o a Pol Pot el único conductor de la Revolución del Khmer Rojo en Camboya, Fidel –omnímodo y omnisapiente—

Los cubanos en la guerra de Angola
Los cubanos en la guerra de Angola

dirigió todo, la agricultura, la economía, la política de salud, la educación, el partido, las relaciones internacionales, y hasta la intervención de Cuba en África y el narcotráfico mediante grupos especiales del ejército.

Y cuando la inteligencia norteamericana detectó los vínculos entre Cuba y el tráfico de enervantes se deshizo de uno de los militares de mayor prestigio, discípulo y compañero de armas de Camilo Cienfuegos, que por casualidad había expresado alguna crítica al comandante.[6]

El general Arnaldo Ochoa, el coronel Antonio la Guardia, el mayor Amado Padrón y los capitanes Jorge Valdés, expulsados del Ejército, despojados de sus condecoraciones, fueron sentenciados a morir fusilados bajo el cargo de traición a la patria. El presidente del tribunal era naturalmente Fidel.

En 1989 cayó el muro, pero en Cuba cayeron estos cuatro militares bajo las balas de un dirigente que para limpiar su participación culpó a cuatro de sus compañeros y de paso disciplinó a los militares inconformes.

Desde entonces el desmantelamiento del socialismo real en el bloque soviético se acompañó del desmantelamiento del elán de utopía, que no dejó en la burocracia cubana sino una vocación férrea de control y de mando.

ernesto-che-guevara-camilo-cienfuegos-gorriaran-julio-antonio-mella-mural-la-habana-cubaY en estos 25 años siguientes, en que el partido permaneció único, y la economía estancada, el Estado emplea al 75% de la mano de obra total, aunque algunas fuentes no oficiales sostienen que es en realidad el 90%, y sólo en el campo existen actividades propiamente distintas, que el gobierno ve como privadas, pero que son campesinas.

El crecimiento es semejante al de México, es decir, 2.1%, otorgando el lugar 115 en el mundo, o sea nada. Y aunque no existe el analfabetismo y ciertamente se ha conseguido crear una infraestructura eficiente de salud, y se alcanza ya un índice de vida de 78 años –muy por encima de muchas naciones de América–, la población sigue viviendo en racionamiento o escasez, excepto los niños, a quienes se ha garantizado una alimentación suficiente y balanceada.

De hecho esos logros son también parte de un modelo traído del socialismo real, donde a pesar de la antidemocracia y la falta de libertades, ciertamente los niños eran privilegiados, y la juventud tenía condiciones para su educación, su actividad deportiva, su formación científica y su esparcimiento.

Medio siglo de Revolución no ha conseguido, sin embargo, dar trabajo decoroso a todos los que quieren y pueden trabajar, y por lo tanto tampoco les garantiza el ingreso mínimo indispensable para vivir sin restricciones a las necesidades básicas.

La iniciativa individual es poco tolerada, y consecuentemente el espíritu de empresa no florece, generalizando en la población trabajadora una apatía descorazonada. De los once millones de habitantes, sólo medio millón ha podido mantener actividades independientes.

Medio siglo de retórica, esfuerzos, sacrificios, planeación, límites al mercado, y la inflación, es, sin embargo de 3.4% al año, las tasas de interés superan el 20%, la renta per cápita sitúa a la isla en la posición 64 a nivel global, y solo el 1.7 por ciento tiene acceso a internet, que por lo demás está censurado.

cuba-travel-ban1Hace seis años las Naciones Unidas clasificaba a Cuba en el lugar 51 de desarrollo humano.

Sus saldos no tienen la dimensión del discurso pronunciado durante medio siglo. Y la realidad se ha encargado ahora de traducir la respuesta de la población a esa política como una displicencia y falta de fe.

La muerte de Fidel Castro es por ello doblemente significativa. Con su persona está muriendo también un modelo de vida y una forma de gobierno. Y el pueblo cubano enfrentará más pronto que la ciudadanía del mundo la repentina consciencia de que ya no quiere mantener vivo tampoco al fantasma. Y que hoy prefiere avanzar de manera clara hacia las libertades ciudadanas, la pluralidad, y el derecho a emprender todo tipo de iniciativas que genere riqueza y amplíen su horizonte de bienestar.

Porque el socialismo que se conservará o se irá levantando sobre las ruinas de ese modelo autoritario, será un socialismo plural, con mercado, que reconozca el esfuerzo personal y familiar, y que no coarte la búsqueda de bienestar.

Castro fue preso del poder, y hace mucho que dejó de ser conductor del socialismo. El poder le fue poniendo trampas que cambiaron su consciencia, alteraron sus lealtades y terminaron haciendo de él un instrumento frío al servicio de la ideología y el subjetivismo.

[1] En la primera década de éste siglo se circuló una foto de Fidel en un ataúd. Y él mismo confesó a una periodista que había sido resucitado. Pero nunca se aclaró esta primera muerte.

[2] Se plantearon por ejemplo producir diez millones de toneladas de azúcar. Simplemente para demostrar que la voluntad era mas poderosa que las condiciones de la agricultura. O establecieron las jornadas comunistas, creyendo que el pueblo iba a reproducir en el trabajo lo que ellos ofrecían en la ideología.

[3] Camilo Cienfuegos, por Carlos Franqui. Edición desconocida.

[4] Cómo llegó la noche. Huber Matos.

[5] Algún día nos enteraremos de que siempre existió el contacto del Partido Comunista de Cuba con los partidos comunistas de Bolivia y la región en que Guevara fue aislado en su intento por reproducir un levantamiento popular.

[6] El Consejo de Estado cubano, que preside Fidel Castro, será la instancia política legalmente facultada para conmutar o confirmar las cuatro sentencias de muerte dictadas ayer por un tribunal militar contra cuatro de los principales miembros de las fuerzas armadas y del Ministerio del Interior acusados de trasegar por Cuba seis toneladas de cocaína del cártel de Medellín. El fiscal del juicio sumarísimo, Juan Escalona, general y ministro de Justicia, pidió siete penas capitales. El País junio de 1989.

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